La búsqueda incesante del paisaje en su estado original: la naturaleza, y sus transformaciones, ha llevado a Santiago Santos a desarrollar un cuerpo de trabajo a lo largo de su carrera que cuestiona, pone en tensión y dilata la relación entre el ser humano y aquello más primitivo -en su vertiente más natural-, que lo rodea. Su recorrido a través de este género fotográfico ha reflejado su inquietud constante por plasmar esos ecos en la memoria de una organicidad del espacio natural que se nos revela en sus huellas, en nuestra mirada, y en la construcción de un concepto que el autor desentraña desde el acercamiento y la distancia. De ahí que su recorrido fotográfico pueda leerse como una interrogación sostenida, por un lado, sobre lo que a través de su cámara es capaz de retener: la memoria, el tiempo, la mirada; y por el otro, de lo que inevitablemente se le escapa.
Antes del paisaje no pretende una descripción temporal ni un ejercicio de resistencia entendido como el retrato del territorio antes de convertirse en imagen. El título de esta exposición es la nomenclatura de una condición permanente en la cual existe una naturaleza que estará siempre antes del paisaje, que no mutará del todo en él, porque necesitando de legibilidad y distancia para convertirse en una operación cultural, esta naturaleza no ofrecerá ni una cosa ni la otra.
Observamos, así, cómo Santiago Santos llega a un lugar en el cual afina sus preguntas. ¿Qué ocurre cuando la fotografía arriba al límite en el que ya no puede avanzar? ¿Qué fotografía se hace cuando la imagen únicamente puede capturar la superficie de algo que permanece inaccesible? En su respuesta, refleja exactamente eso: el muro, la linde, la frontera. Y no intenta encontrar el ángulo que revele el interior, la metáfora que lo explique o el instante decisivo que condense en una imagen lo que la naturaleza guarda. En cambio, permanece en su lugar, ante el muro impenetrable y hace de esa posición el contenido mismo de la obra. La posición de su cámara se sitúa en la ubicación precisa de alguien que camina por un sendero y se encuentra con una pared que cierra el paso, comprendiendo que no encontrará la mejor vista, sino que registrará el lugar donde esta termina.
El autor posee, en definitiva, una convicción que, en cada generación necesita ser renovada. Esta convicción se traduce en el ejercicio de una forma de observar el mundo que constituye, en sí misma, un acto ético. Ello se constata porque practica y propone una relación con el entorno basada en la atención, en la paciencia y en el reconocimiento de que lo que existe a nuestro alrededor merece ser mirado con seriedad, detenimiento y afecto.
Eso es lo que la fotografía, en manos de Santiago Santos, hace: mirar en serio. Y pedirnos, a nosotros, que hagamos lo mismo.
Ana Gabriela Ballate Benavides y Yadira de Armas Rodríguez
Comisarias de la exposición
Salamanca, 2026




